PASCUA RURAL DE LA PROVINCIA DE GIJÓN
“No importa tanto como es el camino… sino cuánto es el amor con el que lo pisas”

Así comenzábamos la marcha un grupo de JMV desde Asturias unos y de Galicia otros, hacia la pintoresca zona de Vilariño de Conso.
En Vilariño nos esperaba D.Ignacio, un joven sacerdote, párroco de la zona que nos acoge y recibe con la amabilidad y simpatía que le caracteriza. También estaba Dª Manolita, la señora y dueña de la casa donde íbamos a vivir los días pascuales.
Todo a punto. Una buena cocina de leña, caldea el ambiente y alrededor de una mesa, celebramos nuestra “PRIMERA CENA”. Cambio de impresiones, lluvia de ideas, pequeños proyectos, buen humor y sobre todo muchas ganas de comenzar la gran aventura Pascual, ver a la gente y vivir y celebrar con ella los grandes acontecimientos, compartir con todos nuestra fe, dejándonos contagiar de la suya que es firme y sorprendente.
Amanecer lluvioso y frío de un Jueves Santo.
No importa, alguien acaba de echar un leño a la cocina y el ambiente sigue caldeado y acogedor, luego una tacita de café con “algo” y dispuestos ya a la oración del grupo.
Todos conocéis el significado de: “Con el corazón en la mano” ¿verdad?, pues ese ha sido el tema de nuestra oración de hoy. Amor servicial, amor fraterno y con este amor en el corazón nos lanzamos al camino para saludar a la gente y preparar con ellos las celebraciones de la tarde.
Nos dividimos en dos grupos, uno para Vilariño y Grixoa y el otro para Castiñeira y Sabuguido. No os podéis dar idea lo bien que nos recibieron. Llevamos ya cinco años con esta misión y todo resulta ya muy familiar.
El miedo del primer año a las montañas impresionantes, a los precipicios de vértigo, a las distancias y mil curvas que hay entre pueblo y pueblo, se ha convertido en momentos en los que vas disfrutando de la Naturaleza, alabando y dando gracias a su Creador mientras caminas.
Un nuevo amanecer. Continúa el frío y sigue lloviendo. Es viernes Santo, vamos a llenar de rosas la cruz, porque hoy iremos a visitar los enfermos, a escuchar a Catalina, a Rosa, a Carmen, a charlar con sus nietos, alguien del grupo le gustaría llevarlos a Salamanca y no estaría mal, pues son unos niños encantadores que disfrutan y participan en todas las celebraciones muy formales. También ese día, llevamos la Comunión al Sr. Demetrio, es el regalo mejor que le podéis dar, nos dice su hermano. La verdad que nos dijo mil veces ¡gracias!
Por la tarde, después de los oficios, participamos en el tradicional Víacrucis viviente de Sabuguido, donde uno del grupo representa magistralmente, el papel de Jesús. El fervor con que esta gente recorre las estaciones, te hace sentir y sientes como la cruz se transforma en amor, triunfa la vida y se hace presente Dios.
Llegamos a casa un poco cansaditos, pero felices, había sido un Viernes Santo a tope. Una sencilla y sabrosa cena, nos hizo recuperar rápidamente las fuerzas, sobre todo por el aroma del laurel que se respiraba en el ambiente, el laurel, ha sido el toque de gracia que puso la improvisada cocinera a todas las comidas de esta Pascua. “Muy significativo”.
Después de los comentarios del día y preparar un poco lo del día siguiente, vino el descanso y hasta mañana si Dios quiere.
Sábado Santo, día para el recuerdo y la añoranza y también día de descanso.
Este es un día en el que no hay mucho que decir, es un tiempo de esperar y tal vez desde esa espera puede recobrar sentido la rutina, la soledad, el silencio.
Estas ideas fueron la base de nuestra oración en esta mañana, mañana de dolor y angustia para el corazón de una Madre tras la muerte de un Hijo.
Después de la oración, el grupo se dispersó por las distintas parroquias, para preparar con la gente la Vigilia Pascual de la noche.
Al atardecer, nos encontramos de nuevo, para celebrar la Vigilia juntos. A las seis en Grixoa, en esta parroquia hay un grupito muy majo de niños por lo que no faltaron globos y ruido. A las ocho en Sabuguido finalizando la Vigilia con la tradicional chocolatada y las despedidas cariñosas de esta gente tan sencilla y acogedora.
Por fin salió el sol. Este fue el saludo en la espléndida mañana de Resurrección. Un rico desayuno de Pascua y a celebrar la Eucaristía, primero en Castiñeira y Vilariño y después en Grixoa, con la procesión del Encuentro.
Despedidas, y promesas, gratitud y cariño con las gentes, de esta maravillosa zona de Vilariño de Conso.
Después de comer y en una animada sobremesa el momento de despedida del grupo, se convirtió en un: ¡hasta luego sembradores de resurrección!.
Y no olvidemos que...
La Pascua continúa en la Palabra que se transforma, en el perdón que se recibe, en el pan que se reparte, en la comunión que se vive y en la alegría que se contagia.
Juventudes Marianas Vicencianas, ¡ADELANTE…!
GRUPO DE PARTICIPANTES