PROVINCIA DE SANTA LUISA

INSERTADOS EN EL ÁRBOL DE JESUCRISTO

“…olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.”

   En el incomparable marco de Los Almendros, en Madrid; nos reunimos un grupo de buscadores, de guerreros de la luz, en busca del árbol de la vida. Todos llegamos cargados con problemas, preocupaciones, cansancio y estrés (una foto del momento lo refleja); necesitábamos un tiempo de reflexión, de tranquilidad, de desconexión con el trabajo y rutina semanal.

   Pilar Yuste decidió acompañarnos y darnos ese empujoncito para ver nuestra vida, nuestras obras, nuestros errores, lo mejor de nosotros mismos, desde un punto de vista diferente, más humano, más real, más cercano a la visión de Dios.

  Quiero daros las gracias, a todos los que allí estuvisteis acompañándome, porque, en contra de la inevitable condición humana, fuisteis capaces de juzgarme sólo por las cosas buenas que hago y que tengo, y además fuisteis capaces de convertir mis errores en palancas que impulsen un poco más lejos mi camino. Pero eso, a la vez y gracias a Dios, lleva mis metas un poco más lejanas y me hace pensar que no hay nada por encima de mí.

   Sin embargo, llegas a casa, a tu habitación, y al desembalar la maleta cargada de sueños, encuentras sobre los papeles ese marca-páginas que alguien que no sabes y en el fondo no te importa, puso ahí para ti durante el desayuno, y que dice: “No seáis orgullosos, sino poneos al nivel de los humildes. Rm. 12, 16”. Y entonces se te remueve tanto el alma que desearías no haber conocido nunca la envidia, no sentir el orgullo hirviendo en la sangre, que la ambición se escapara en los suspiros y solo quedase en ti aquello que te hiciera lo más pequeño y a la vez lo más grande: EL AMOR.  Porque, creedme (pues es de lo único que a mis veintiocho años estoy completamente seguro, lo único que me ha seguido parecido grande) el amor hacen hermosas a las personas, las hace libres y humanas, las hace grandes y sinceras...

   Por eso, yo solo quiero sentir amor, ese amor que descubrimos en nuestro árbol, en cada abrazo, en cada gesto, en cada mirada, en Cristo. Amor por mi familia que me lo regala en miradas azules, verdes, de todos los colores a todas horas; por mis amigos (porque un amigo, haga lo que haga, siempre te hará aprender) por todos vosotros y por el resto del mundo que no me conoce y no puede pensar que, aparte de trabajo, coche, fines de semana inolvidables, hijos, dinero... lo que más ansió, lo que más espero encontrar en mi corazón cuando muera, es mucho amor.

   GRACIAS. Mil gracias por vuestra compañía, apoyo y comprensión. Gracias a las hermanas que con su inagotable ejemplo y dedicación nos muestran cada día el rostro del amor, del servicio, de la alegría de sentir a Dios tan cerca. Gracias a Pilar por ser la alegría, la esperanza de terminar el camino magullado pero inmenso, la respuesta a estos corazones inquietos. Gracias al Padre Juanjo, por su palabra, por su dedicación y por la forma tan hermosa de mostrarnos a Cristo, por ser agua de vida que no duda en compartir. Gracias a todos los que estuvisteis allí, compartiendo tiempo, sonrisas y comprensión.

   Todos vosotr@s escribiréis indirectamente una parte de mi vida, rebrotáis en el tronco humedecido de mi árbol para cobijar mi fe. Espero veros pronto, como Machado: en la luz y en la vida… en la primavera.

Xfrodo!!!

 

 
 
JUVENTUDES MARIANAS VICENCIANAS España.