Del Primer al Tercer Mundo, pasando por Bollullos.

Cada día mueren miles de desconocidos, pero sus vidas no valen nada porque no sabemos ni de su existencia. La muerte del pobre vale menos que la muerte del rico, eso es lo que nos enseñan los medios de comunicación y los distintos organismos internacionales. Un grupo de jóvenes de dos parroquias de padres paúles nos hemos reunido para tratar el tema de la pobreza.

 


¿C

uánto vale tu vida? Quizás no te lo has planteado nunca, pero supongo que dirás que vale mucho para quienes te quieren, para quienes te conocen. Y yo te digo que nada para quien no te conoce, para quien no sabe siquiera de tu existencia. Cada día mueren miles de desconocidos, y más de la mitad mueren de hambre, a causa de la malnutrición y las enfermedades derivadas de ésta. Sus vidas no valen nada porque no sabemos ni de su existencia, tanto vivos como muertos. Son simples números en una estadística, no tienen nombres ni rostros para nosotros. Y todos  dormimos bien, porque sabemos que un número no puede sufrir, mucho menos morir.

R

íete de tu hermano. Seguro que conoces a quien aprovecha la miseria, más cruda que el cine, para reírse de quien apenas tiene fuerza para apartar una mosca de su rostro. A veces la lejanía te invita a tratarlo como un chiste, una macabra broma del destino. Quizás algún día la vida te brinde la oportunidad de estar junto al pobre, al lado del que pasa hambre y sufre, y su risa sincera, conforme y humilde, su rostro deseoso de vida, sea el que ilumine tu cara, para entonces ya seria, y cruce como un rayo tu recuerdo de aquél día en el que traicionaste a tu propio hermano.

 

I

gnora y sé feliz. La felicidad más vacía será toda tuya. Sólo tienes que mirar a otro lado para esquivar habilidosamente las injusticias del mundo, del vecino. Es bien sencillo, no tienes que hacer nada, de eso se trata. No hagas por enterarte de lo que ocurre, no leas nada al respecto, ni oigas al que denuncia, ni ayudes al que lo vive. Quizás algún día llegues a plantearte si hace ruido la muerte del pobre, a qué suena… y quizás llegues incluso a escuchar un leve susurro, como pidiendo ayuda… y quizás ya sea tarde porque será tu propio grito el que te impida sentir aquél que nunca existió para ti, el que nunca formó parte de tu reino, el que nunca respiró el aire que tu respiras.

 

S

omos sordos. Somos ciegos. Dirás seguramente que los informativos ya están llenos de tragedias diarias, pero ahí te das cuenta del mercado de la vida, de cómo unos muertos valen más que otros. Mientras unos valen lo suficiente para salir en las noticias otros no salen a la luz aunque sean tristes protagonistas de una de las mayores catástrofes humanitarias del mundo. Seremos ciegos…

Será que la muerte no siempre hace el mismo ruido, y se hace silenciosa, casi imperceptible, allá donde está el más pobre, la tierra menos aprovechable, las zonas libres de intereses internacionales. Seremos sordos…

 

T

reinta y tres jóvenes. ¿Y qué podemos hacer los jóvenes? Puedes pensar que muy poco, pero menos es quedarse parado, disfrutando de la comodidad que proporciona estar distante a la desgracia.

Nosotros, un grupo de jóvenes de la Parroquia Las Angustias (Ayamonte) y de la Parroquia San Gonzalo (Sevilla, Triana) nos hemos reunido el primer fin de semana de junio en Bollullos de la Mitación para tratar precisamente el tema de la pobreza, el desconocimiento de ciertas tragedias y de las muertes silenciosas que ocurren cada día. Ambas parroquias tienen el sello inconfundible de San Vicente de Paúl, y eso se tiene que notar. Dos paúles y treinta y tres jóvenes estuvimos analizando el problema del hambre y la pobreza, especialmente en los países más desconocidos y abandonados.

Los padres paúles Sergio Asenjo (C.M.) y Felipe Ortiz (C.M.) nos mostraron la cruda y desconocida realidad que está viviendo actualmente el pueblo de Darfur (Sudán, África).

 

Lo que podemos decirte es que tenemos que luchar por liberarnos de la ignorancia, que nos impide conocer a quien sufre, al pobre. Necesitamos la oración, necesitamos reflexionar sobre este grave problema, y no podemos quedarnos parados: ¡tenemos que denunciar las injusticias! No vale tragarse lo que nos echan los medios de comunicación, las organizaciones internacionales o los diferentes gobiernos, porque no muestran toda la realidad. ¡No es justo que unos aparezcan constantemente mientras de otros no se saque nada!

 

O

jos que no ven…

...¡ponle gafas! Si algo te ha llegado de este encuentro es que no podemos dejar que el refrán siga cumpliéndose. Afinemos el oído y la vista para llegar allí donde no llegan los focos de los poderes mediáticos, donde no interesa ayudar, donde no interesa estar. Hagamos que nuestros ojos vean más allá, y si duele el corazón es buena señal: estás vivo.

 

La respuesta está escrita, el camino abierto, pero nunca nadie podrá dejar las huellas de los pasos que aún no has dado. Quizás…

 

Pedro Martín (JMV San Gonzalo)