Manolo, Mirtha y Misión, con ‘m' de Matrimonio
El 9 de Diciembre de 2006, a las 12:00, contrajeron matrimonio Manuel José Penco Gallé (misionero permanente de JMV-Misevi España en Sacaba –Bolivia-) y Mirtha Montaño, perteneciente a FaViBo (Famlia Vicenciana de Bolivia) y que trabajó de lleno en la acción pastoral misionera. El sacramento y el ágape posterior se celebraron en la Parroquia San Vicente de Paúl de Cádiz, España.
Mirábamos hacia el cielo el día de la Inmaculada :
¿Lloverá mañana?
No, no te preocupes. Los meteorólogos dicen que no, y Dios les va a dar la razón...
Andábamos bastante atareados en Cádiz, porque se avecinaba un evento especial, único para nosotros hasta ahora. Trabajando sin pausa pero con calma, porque sabíamos que todo estaría bien al día siguiente; que meramente el calor de la comunidad y de los familiares sería suficiente para evocar un sentimiento en cada acto y para hacer de la celebración un placer.
Manolo, el novio, se presentó con unos minutos de antelación, como era de esperar. Saludando aquí y allá a los amigos aguardaba un poco nervioso la llegada de su novia, que realmente no se hizo esperar.
Mirtha, la novia, apareció a la hora convenida. Encantada por las muestras de cariño de los presentes avanzó hasta agarrarse al brazo de su padrino, Marcos, que compartió el año pasado algunos meses de misión con ellos en Sacaba.
Madrina y padrino, Lucrecia y Marcos, acompañaron a los novios hasta las proximidades del presbiterio, donde les aguardaban el padre Pepe (párroco de San Vicente de Paúl) y el padre Juanjo (director nacional de JMV) para copresidir la liturgia mientras sonaba la música del canto de entrada.
Música que sonó y resonó durante toda la celebración, desde que los novios pisaron el templo hasta que todos los presentes salieron satisfechos de allí. Eran las voces de los JMV de hoy, de ayer y podríamos decir que “de siempre”, que formaban un coro casi improvisado pero que sonó muy bien, evocando en sus notas y letras todo aquello que comparten con Manolo y Mirtha: la alegría festiva de la Eucaristía , la meditación ante Dios que nos sondea, la fuerza y la gratuidad que vivimos en torno al Pan, o la entrega de todo el esfuerzo y toda la vida a la Misión.
Misión y vida, Vida y misión… dos parejas inseparables, igual que ya son también uno sólo Manolo y Mirtha; así figuraba en la tarjeta de invitación (“ Nada nos separará del Amor de Dios ”) y así nos lo recordó Sor Juana Artacho en la monición de acogida. Una alianza perpetua que se afirmó ante nuestros ojos y que se sabe fuerte porque Sólo el amor convierte en milagro el barro , y porque el protagonista de todo el evento, Jesucristo, se nos presentó una vez más en la Palabra y en el Pan para atestiguarlo.
María, Madre y modelo, también estuvo en nuestros corazones, como rezábamos en el canto, Virgen milagrosa, Santa Inmaculada, son todos en el valle devotos de tus ruegos . Una madre que ha orientado los pasos de Mirtha y de Manolo durante todos esos años de noviazgo en la misión.
Mirtha, Manolo, Marcos, Madrina, Música, Misión, Matrimonio, María,… ¿qué más quieres que te cuente? ¿quieres saber qué ocurrió después de la misa?
Misa es envío, y envío es, sobre todo, salir hacia algo. Y a Mirtha y a Manolo en ese momento les salió del corazón una acción de gracias, continuación de la que pronunció anteriormente Sor Magdalena. Gracias a todos: a los presentes y a los no presentes. Mirtha fue sincera y especialmente emotiva; no teniendo parentesco de sangre con ninguno de nosotros, se mostraba exultante y realmente hermanada con esa comunidad acogedora.
Hasta aquí llega esta breve crónica. Me he dejado en el tintero muchas cosas importantes y bonitas de ese día: quiénes asistieron, quiénes lamentaron no poder asistir, cómo fue el rato posterior de charla y fiesta en el patio de la parroquia, las caras y frases más llamativas de los recién casados…
Pero creo que lo que has podido leer arriba es lo verdaderamente importante: que Mirtha, Manolo y Misión se escriben desde hoy, casual y significativamente, con “m” de Matrimonio.
Que Dios siga acompañándolos a ellos y a nosotros, miembros de JMV y miembros de Misevi; Familia Vicenciana e Iglesia Misionera, para aplicarnos con sabiduría en la Comunión sin límites.