PEREGRINACIÓN DE CLV A LOS LUGARES VICENCIANOS, PARIS’05

 

 

Entre los pasados 21 y 28 de Agosto tuvo lugar la peregrinación de las Comunidades Laicales Vicencianas (CLV) a los lugares relacionados con S. Vicente de Paúl en Francia.

Nos juntamos un grupo de 66 peregrinos y ha sido un viaje lleno de momentos de recogimiento y oración, de momentos emocionantes, de una convivencia muy buena y por supuesto también lleno de momentos muy divertidos (tantas horas de autobús dan para mucho).

 

Y antes de relatar nada del viaje, agradecer desde aquí la presencia entre nosotros del padre Carlos Javier López CM. y de Sor josefina Jiménez HC. Sin ellos y sin sus Eucaristías y oraciones la peregrinación no hubiera sido posible. Gracias de todo corazón por todo lo que habéis hecho.

 

La primera noche se pasó en Murguía (Álava), donde tuvimos una oración de presentación de la peregrinación y en la cual todo el que quiso expuso los motivos que le llevaban a realizar el viaje. Desde ese momento ya se notó que no era un viaje más a Francia, se notaba que el espíritu de S. Vicente y La Milagrosa estaban en el aire.

 

Al día siguiente visitamos la comarca de El Berceau, lugar donde nació S. Vicente. Todavía se conserva su casa con utensilios de la época.

 

Tuvimos una Eucaristía en la capilla que hay al lado de la casa. Fue una celebración muy íntima y sencilla, y llena de espíritu vicenciano. Hicimos noche en la ciudad de Perigueux en un hotelito muy encantador a las afueras de la ciudad.

 

Por si alguien se lo pregunta y antes de continuar con la narración, el rezo de laudes tenia lugar en el autobús. 

Nuevo amanecer y rumbo a París pasando por Tours, ciudad moderna prácticamente destruida durante la 2ª Guerra Mundial pero de la que se salvó la catedral y una plaza preciosa con edificios de los siglos XVI y XVII.

El día 24 estuvimos viendo Chartres y su catedral (en cuya cripta Santa Luisa puso en manos de Dios a la naciente Compañía de las Hijas de la Caridad). Por la tarde visitamos el palacio de Versailles, estos franceses todo lo hacen a lo grande, ¡que palacio y que jardines!.

El que la realeza - Ana de Austria y Luis XIV - hiciera capellanes y párrocos de varios reales sitios (así Versalles y Fontainebleau) a los misioneros, ha extrañado a no pocos, por el vivo contraste entre el espíritu del fundador, y el ministerio en un medio tan elevado, dado al lujo, al poder y a la intriga. Ahora bien, la reina había mantenido un estrecho contacto con Vicente de Paúl, fallecido el cual, convoca a los misioneros, que desea regenten la iglesia de Fontainebleau (1661). Apenas once años después (1672), el rey solicita de la Congregación de la Misión que asuma la cura pastoral del antiguo Versalles (su futura residencia). Eran tierras y un castillo que Luis XIII había comprado a su pariente, Pedro de Gondi, como real coto de caza. Versalles fue completamente transformado por Luis XIV. Para el tiempo de la Revolución, los sacerdotes de la Misión eran los párrocos de dos parroquias muy importantes. Y eran capellanes en el palacio real.

 

          Versalles tenía una antigua iglesia parroquial dedicada a San Julián. Estaba situada enfrente y a la izquierda del actual castillo, en la calle San Julián. Luis XIV quiso sustituirla por otra, digna de su nueva residencia. Mandó hacer una de nueva planta - también bajo la advocación de San Julián -, y se desmanteló la vieja. El segundo San Julián estaba al oeste de la actual iglesia de Nuestra Señora. Los vicencianos estrenaban aquí casa, de real fundación, el 6 de octubre de 1674. Una misión precedía a su llegada. Después, con las exequias de la reina María Teresa (1683), fue patente que la demanda pastoral de Versalles requería una iglesia aún mayor: desde 1682, el rey era feligrés suyo, pues se había afincado en el castillo - aún no terminado -, y había traslado aquí la sede del gobierno.  Terminamos el día visitando, ya en París,  El Sagrado Corazón y el barrio de Mont Maitre.

Los días 25 y 26 por la mañana visitamos la Casa Madre de las Hijas de la Caridad (1801-1815) y de la Congregación de la Misión (1807-1817) en la Rue Vieux Colombier, actual Parque de Bomberos. La iglesia de San Sulpicio, El Palacio de Luxemburgo, La iglesia de San José de los Carmelitas Descalzos donde reposan los restos del beato Federico Ozanan, fundador de las Conferencias de San Vicente. El Hospital de los Incurables en la Rue de Sevres y frente a él, la Casa Madre de la Congregación de la Misión (nuevo San Lázaro), donde se guardan muchos recuerdos de San Vicente, siendo el más notable la urna de plata, elevada sobre el altar mayor en solemne ceremonia el año 1830, que guarda los despojos del Santo, (el cuerpo no está incorrupto: aunque conserva su esqueleto, la cara y las manos son de cera). En las manos sostiene el crucifijo con el que ayudó a bien morir a Luis XIII. En esta capilla celebramos el día 25 con gran sentimiento una Eucaristía que nos interpeló profundamente a todos. Sólo con ver a nuestro santo ya se te ponen los pelos de punta y te das cuenta que la oración brota de una forma espontánea y guardas silencio y no quieres salir de allí porque estás con Dios y con S. Vicente, maravilloso.

 

Las tardes se tuvieron libres para visitar los diferentes monumentos calles y barrios de la ciudad de la luz (la Lutecia  prerromana de los galos).

 


El acto central del día 26 fue la visita a la Capilla de las Apariciones, Casa Madre de las Hijas de la Caridad. La capilla la preside una imagen de la Virgen Milagrosa y a ambos lados del altar se encuentran los cuerpos de Santa Luisa de Marillac y de Santa Catalina Labouré. A pesar de que la capilla es el segundo lugar más visitado de París, sólo por detrás de la torre Eiffel, el clima allí dentro es de absoluto silencio, todo el mundo ora y se nota que es un lugar especial.  Allí celebramos otra Eucaristía en la cual un grupo bastante numeroso de nosotros realizó la Consagración Mariana. Que mejor lugar para ofrecer tu vida a Cristo a través de María que la capilla donde se apareció a Santa Catalina.

 

El sábado 27 lo dedicamos entero a viajar de vuelta a España. Hicimos noche de nuevo en Murguía no sin antes dar gracias a Dios por la peregrinación realizada.

 

Y finalmente el día 28 fuimos llegando  a nuestros hogares, tristes porque se acabó la peregrinación pero alegres porque volvimos con el corazón lleno de amor, fe y ganas de trabajar por los demás.

 

Gregorio y Car.