EL “ATRAPA-SUEÑOS”.

             Creían los antiguos pobladores de las riberas cántabras que en el embravecido mar habitaban los dioses protectores de sus pueblos, y que con el murmullo del incesante batir de las olas recordaban a los hombres su presencia, les mostraban su estado de ánimo y enviaban su soplo protector en forma de brisa. Pequeños colgadores hechos de conchas y piedras marinas, situados en las ventanas y puertas de sus cabañas, les recordaban con su suave tintineo al ser mecidos por la brisa del mar, la presencia constante de los dioses protectores en la vida de la aldea, y actuaban como catalizador de la energía positiva que fluía del mar. Al otro lado del gran océano los indios americanos confeccionaron amuletos similares que colgaban en la entrada de sus tiendas y los llamaron “atrapa-sueños”.

             Y éste fue el símbolo: un “atrapa-sueños” construido con conchas de las playas  a las que arribó el Apóstol Santiago. El momento: los campamentos de Adultos y FMV. El lugar: La Mata de Curueño, -un paraje que empieza ya a tener historia en la vida de las comunidades adultas-. La intención: que meciéndose a la Brisa del Espíritu nos recordase la presencia del Padre, que catalizase nuestros deseos y nuestros sueños de unidad, que con su tintineo despertase nuestras conciencias para hacernos conscientes de la gran capacidad de transformación personal y social de la que seremos capaces si hacemos de la Paz el fundamento de nuestra vida.

            Tres intensos días ambientados en el Gran Hotel La Mata Palace***** nos sirvieron a un grupo de adultos de toda España para dar una vuelta de tuerca a eso de Vivir Sin Miedo: la libertad para mostrarnos en autenticidad,  para querernos en lo que somos y acoger con todo ello a quienes nos rodean. Un tiempo para ponernos “a punto” en el Balneario espiritual del Hotel, para trabajar la autorrealización y la autoestima, para experimentar en el taller de corporalidad, para dejarnos acariciar el alma por la suave presencia de Dios en medio de la comunidad, para reírnos juntos,  para disfrutar con los correos que en el cibercafé recibimos de nuestro Padre, para compartir la Mesa en fraternidad, ....

            Gracias a todos los que participasteis, y a los que desde la distancia estabais allí,  por atrapar para nosotros el sueño comunitario: querernos y compartir la vida en Cristo.

            Gracias a Lali, que atrapó el sueño de gozar y conocer el cuerpo como fuente de paz y de comunicación.

            Gracias al P. Luis por atrapar para nosotros la ternura de Dios, por hacerla Pan y Palabra, y al P. Carlos por atrapar para nosotros la convicción de gozar de cada momento como el regalo mágico del Padre.

            Gracias a Sor Esther, que atrapó el sueño de creer que era posible y trabajó para allanarnos el camino, apoyándonos en nuestras iniciativas y ofreciéndonos la Mata como lugar de referencia.

Gracias a Loli y a Miguel porque con ellos atrapamos el sueño de la unidad, el sueño de una gran familia de comunidades de laicos adultos que vivan su fe comprometida con los pobres, al estilo de Vicente.

 Y entonces el “atrapa-sueños” cambió de manos, y con él la ilusión y el “buen rollito” con que habíamos vivido la acampada de Adultos se instaló definitivamente en el Campamento Familiar, y desde ese momento, desde la toma de contacto de estas dos realidades, desde el compartir la Mesa que nos iguala y acerca al Padre común, el “atrapa-sueños” fue testigo de todo lo que habría de pasar....:  un tiempo de encuentro y paz; paz personal, de pareja, familiar, comunitaria ... Un tiempo de paz que atrajo nuestros sueños de comunidad ...

Gracias a los FMV que nos abrieron su campamento y su corazón, que nos dejaron compartir la vida. Gracias porque nos habéis tocado el alma, al conocernos y orar juntos hemos podido atrapar el sueño de sentirnos en familia.

Gracias a Edurne, al P. Felipe y a Sor Concepción que atraparon para nosotros momentos que nos ayudaron a crecer, a conocernos, momentos que nos acariciaron el corazón.

Gracias a los monitores que cuidaron de los “más peques”, y a las Hermanas que se ocuparon de la cocina, porque todos ellos atraparon y nos dejaron ver el sueño del servicio sencillo y diligente, la alegría en la entrega en gratuidad.

 Conservo entre los recuerdos de este tiempo una humilde concha que guarda un tesoro: una perla escondida,-...  son apenas unas signos que me recuerdan las palabras de un Amigo:  Ef4,3 , y cuando los veo, sonrío y creo escuchar en mis oídos el suave tintineo con que mecido al soplo del Espíritu nos recuerda el “atrapa-sueños” la presencia amorosa del Padre acariciando nuestros sueños de comunidad.

 ¡¡ Felices sueños !!.