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PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE 7 MÁRTIRES
por odio a la fe durante la Guerra Civil

 

El 1 de diciembre de 2016 el Santo Padre Francisco recibió al Sr. Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. En el curso de la audiencia el Sumo Pontífice autorizó a la Congregación a promulgar varios decretos, entre otros del martirio de los Siervos de Dios Vicente Queralt Lloret, Sacerdote de la Congregación de la Misión, y 20 Compañeros, entre los cuales seis Sacerdotes de la Congregación de la Misión (Misioneros Paúles), cinco Sacerdotes diocesanos, dos Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y siete jóvenes laicos de la Asociación Hijos de María de la Medalla Milagrosa, asesinados por odio a la fe durante la guerra civil en España entre 1936 y 1937.

 

 VER ARTÍCULO DE ALFA Y OMEGA (8/12/2016) en PDF y en PNG

 

Estos siete jóvenes serán los primeros beatos de la Asociación Hijos de María de la Medalla Milagrosa. Os presentamos aquí sus vidas.

 

BIOGRAFÍAS Y CAUSAS DE LOS NUEVOS MÁRTIRES

 
FRANCISCO GARCÍA BALANZA
Mártir en la Guerra Civil (1936)
Cartagena (Murcia)
MODESTO ALLEPUZ VERA
Mártir en la Guerra Civil (1936)
Cartagena (Murcia)
ENRIQUE PEDRO
GONZÁLBEZ ANDREU

Mártir en la Guerra Civil (1936)
Cartagena (Murcia)
JOSÉ ARDIL LÁZARO
Mártir en la Guerra Civil (1936)
Cartagena (Murcia)
FRANCISCO ROSELLÓ HERNÁNDEZ
Mártir en la Guerra Civil (1936)
Cartagena (Murcia)
ISIDRO JUAN MARTÍNEZ
Mártir en la Guerra Civil (1936)
Cartagena (Murcia)
RAFAEL LLUCH GARÍN
Mártir en la Guerra Civil (1936)
Valencia

 

  FRANCISCO GARCÍA BALANZA 


Murió el 25 de septiembre 1936 en Cartagena. Fue Presidente de la Asociación en Cartagena durante varios años. Fue uno de los Fundadores. Su vida, particular ejemplo de austeridad y sacrificio, le captó innumerables simpatías, siendo padre cariñoso del desvalido y del humilde. Las necesidades de los demás le afectaron como propias y batallaba por el mejoramiento de clase con medidas justas, inspira­das en la doctrina cristiana.

Fue destinado al barco Jaime I, de donde fue obligado a salir el día 25 de agosto del mismo año. En su puesto de trabajo, víctima de una emboscada, rinde su alma a Dios. Un compañero perteneciente a la guardia roja, que le había amenazado de muerte con ocasión de una defensa de la religión hecha por el siervo de Dios, le asesinó por la espalda, dejando su cuerpo abandonado en una carretera, al estilo impuesto en aquellos días trágicos. No fue un acto aislado, el crimen estaba bien preparado con la anuencia de la superioridad. García Balanza, a la sazón de 35 años, había sido el primer presidente de la Asociación, del grupo de los fundadores, uno de los jóvenes a quienes Sor Francisca Armendáriz Idocin buscó, junto al que luego sería el famoso misionero Paúl P. Enrique Albiol Estapé, para poner los cimientos de su obra.


 

  MODESTO ALLEPUZ VERA

 

Nació en 1906 en Cartagena (España) y murió el 22 septiembre de 1936 en Cartagena. De profesión empleado de Contrataciones e Industrias, S.A., casado y con dos niños muy pequeños. Durante su vida dio pruebas de piedad y de virtudes. Fue Secretario de la Asociación con la probación de todos, directivo ideal por el constante ejemplo de piedad y edificación. Cuando España se desangraba en una lucha política enconada él, desde el periódico, predicó siempre la doctrina de amor de Jesucristo.

Al estallar la revolución marchó con su esposa e hijos a un pueblo cercano, con objeto de intentar sustraerse a la furia de los enemigos de Dios.

Detenido por fin en agosto de 1936 fue encarcelado, más tarde condenado a muerte y el 22 de septiembre de dicho año, caía asesinado en el Cementerio de Cartagena en compañía de Enrique Pedro Gonzálvez y José Ardil.

Su talante cristiano queda de manifiesto en una declaración con­junta con otros diez condenados. Uno de ellos, en nombre del grupo, dirige palabras de perdón a los autores de su muerte, pidiendo que se den por satisfechos con su sangre; que sea la última derramada, des­pidiéndose con abrazos de sus carceleros antes de partir para el mar­tirio, según consta en acta notarial.

Invitado a ponerse de espaldas, respondió que no era necesario, y, animado por la medalla de la Virgen Milagrosa, recibió la descarga que debía acabar con su vida. Se conserva la medalla que llevaba en el momento de su muerte, atravesada por la bala que puso fin a su vida.

Murió como sólo los mártires saben hacerlo, con una sonrisa en los labios, seguro de que su sacrificio en esta vida le conducía a la morada eterna de los bienaventurados.

 


 

  ENRIQUE PEDRO GONZÁLVEZ ANDREU 

 

Nació el 15 julio de 1910 en Cartagena (España) y murió el 22 de Septiembre de 1936 en Cartagena a los 26 años.

De profesión Oficial de Notaría. Ocupó puestos directivos de Secretario y Vicepresidente de la Asociación. De trato afable y servi­cial con altas dotes de moralidad y discreción.

Su amor y fidelidad a la Iglesia le llevó a la valiente protesta con­tra la destrucción de monumentos religiosos y la ley de gobierno sobre Confesiones y Congregaciones Religiosas. Defendió siempre el criterio obrerista mediante la sabia dirección de la Doctrina Social de la Iglesia repudiando, tanto las violencias de los elementos agitado­res, como los egoísmos e incomprensiones de las clases elevadas.

Al comienzo de la contienda se escondió en casa de algunos familiares. Las amenazas a su madre le llevaron a entregarse volun­tariamente.

Fue detenido junto con otras 24 personas y juzgado por un Tri­bunal Popular; el fallo fue pena de muerte. Ante la sentencia acepta lo que Dios disponga. En la cárcel edificó con su ejemplo de apostolado y al llegar su última hora, solo tuvo palabras de perdón. Antes de partir para su ejecución, uno de los otros diez condenados dirige en nombre de todos ellos palabras de perdón a los autores de la muerte y enemigos cualesquiera, pidiendo que se den por satisfechos con su sangre para que sea la última derramada, según se refleja en acta notarial.

Invitado a volverse de espalda, responde no es necesario y alen­tado con la medalla de la Virgen recibió la descarga que acabaría con su vida. De hecho la bala que segó el corazón de Gonzálvez, atravesó el metal de su medalla Milagrosa que hoy guarda la familia como la mejor reliquia. Murió, como solo saben hacerlo los mártires, con la sonrisa en los labios, seguro de que su sacrificio en esta vida, le llevaba a la eterna mansión de los bienaventurados.

 


 

  JOSÉ ARDIL LÁZARO 

 

Nació en 1913 en Cartagena (España) y murió el 22 de septiembre de 1936 en Cartagena cuando sólo tenía 22 años. Joven católico, miembro destacado de la Asociación, de conducta ejem­plar. Al comienzo de la guerra se fue a Murcia para evitar lo ine­vitable.

Su hermana fue detenida y él se presentó a los jefes de la revo­lución para salvar a su familia. Fue un sacrificio desinteresado, noble, magnífico. Sabía lo que iba a ocurrir y no titubeó. Era de noble corazón, de honda raigambre cristiana.

A mediados de agosto entraba en prisión, sereno, como había de salir semanas después en busca de la muerte.

Su talante cristiano queda de manifiesto en una declaración con­junta con otros diez condenados. 

Modesto Allepuz, Enrique-Pedro Gonzálvez y José Ardil fueron condenados en un juicio irrisorio, el primero del Tribunal Popular de Murcia trasladado para ello al arsenal de Cartagena. Entre los delitos más importantes que les imputaron figura que "siempre estaban juntos". La realidad es que se habían distinguido por aparecer juntos en todos los actos de culto público y por escribir en defensa de la religión, de la moral pública, de la Doctrina Social de la Iglesia y de los principios que recibieron de la Asociación que eran los que predicaba la Acción Católica. Eran auténticos líderes entre la juventud cartagenera.

 

Para morir se pusieron la medalla con el cordón azul y blanco de congregantes, como solían hacerlo para comulgar. Poco antes se confesaron, cantaron la salve y el himno de la Asociación y perdonaron a los verdugos y causantes de su muerte, despidiéndose con abrazos de sus carceleros en señal de perdón, según consta en acta notarial. A sus compañeros les transmitieron su mensaje a través de otro detenido, luego sacerdote de Murcia y de Albacete: "Que nuestra sangre no sea inútil".

 


 

  FRANCISCO ROSELLÓ HERNÁNDEZ 

 

Nació en 1907 en Cartagena (España) y murió el 18 octubre de 1936 en Cartagena a los 29 años. Era hijo único de una madre viuda, hombre de una piedad acendrada, de profesión agente comercial.

Miembro de la Asociación era de un profundo sentir religioso, que se traducía al exterior con esas comuniones fervorosisímas que servían de ejemplo y acicate a los demás compañeros, con rectitud de juicio y una gran seriedad, por sus virtudes era el elemento destacado del que se enorgullecían sus compañeros.

En julio de 1936, en vísperas de contraer matrimonio, fue encarcelado, permaneciendo en la cárcel de San Antón de Cartagena junto con marinos, militares y civiles, apresados por sus ideas políticas y religiosas. Lo prendieron por acompañar a las Hijas de la Caridad al barco que las ponía a salvo.

En las fiestas solemnes del centenario de las apariciones de la Medalla Milagrosa, el año 1930, Roselló había presidido la procesión como Presidente de los jóvenes. Impresionan las actas del juicio. Preguntado si pertenece a algún partido político, contesta con aplomo: "Soy Hijo de María de la Milagrosa". El juez reconoce que no tiene delito pero lo deja en prisión.

Días después el Frente Popular lo incluye en una saca de 49 presos y lo fusilan en el mismo cementerio. Esto fue debido a que cuando el 18 de octubre el bando adversario realizó el primer bombardeo sobre la ciudad hubo un acto de represalia en el que, sin juicio alguno, 49 presos fueron sacados de la cárcel y asesinados. 

Su cadáver fue reconocido en la fosa común, por la medalla de la Virgen de la Caridad a la que profesaba gran devoción y que su novia le había regalado.

 


 

  ISIDRO JUAN MARTÍNEZ 

 

Nació el 10 de mayo de 1899 en Carta­gena (España) y murió el 18 octubre de 1936 en Cartagena a los 36 años, casado con tres hijos. De profesión Abogado. Miembro de la Asociación desde su Fundación, había sido Vicepresidente. Al ser obligatorio, dejó la Asociación al casarse pero, cuando se permitió pertenecer a los miembros casados, fue uno de los primeros en regresar.

Fue encarcelado al poco de declararse la guerra civil en julio de 1936, permaneciendo en la cárcel de San Antón de Cartagena, junto con marinos, militares y civiles apresados por sus ideas políticas y religiosas.

Fue asesinado en unión con 48 caballeros más, dando su vida con entereza y sin abdicar de sus convicciones, orgulloso de caer por la causa de Dios.

 


 

RAFAEL LLUCH GARÍN 

 

Nacido el 18 de enero de 1917. Regentaba la farmacia de Picasent (Valencia), por haber sido encarcelado su cuñado, titular de la misma. El 12 de octubre de 1936 fue hecho prisionero sin otro delito que negarse a quitar el cuadro de la Virgen que presidía su laboratorio y no dejar a los anarquistas blasfemar dentro de su casa. Tres días después fue asesinado en el término municipal de Silla (Valencia). Sus últimas palabras fueron: "¡Soy católico, soy católico! ¡Viva Cristo Rey!" Tenía 19 años. era el menor de seis hermanos y quedó huérfano de padre cuando contaba un año de edad. Fue alumno del colegio San José de los Jesuitas en Valencia y, también, del colegio de los Maristas de Madrid, a donde se trasladó su familia.

Frecuentaba mucho la Basílica de la Milagrosa de Madrid y se integró en la Congregación Juvenil de la Medalla de la Milagrosa. A los pocos años regresó a Valencia donde se disponía a iniciar sus estudios universitarios. "Era un joven deportista, sano, con cualidades literarias muy notables, que también ya empezaba a salir con chicas cuando se produjeron los hechos que desencadenaron su martirio.

Al comenzar la persecución religiosa de 1936, Rafael Lluch se encontraba en Picassent ayudando a una hermana suya cuyo marido, que regentaba una farmacia, había sido detenido. El 12 de octubre de 1936, fiesta de la Virgen del Pilar, un grupo de individuos realizó una inspección en la farmacia y, al encontrar un cuadro de la Virgen María presidiendo el laboratorio, lo profanaron y blasfemaron ante él. Al percatarse de lo que ocurría, el joven estudiante les quitó el cuadro y, según distintos testigos, les indicó mientras señalaba la puerta: "Si queréis blasfemar ¡a la calle! En mi presencia, no lo consiento! ¡Dios es mi padre! ¿Entendéis?"

Los milicianos lo arrestaron de inmediato, fue encarcelado horas después y fusilado en la vecina localidad de Silla a los tres días, mientras perdonaba a sus verdugos.

Según la documentación, entre sus vestidos fue encontrada una carta dirigida a su madre en la que había escrito: "No llores mamá; quiero que estés contenta porque tu hijo es muy feliz… voy a dar la vida por nuestro Dios. En el cielo te espero".

 

Información tomada de la Web SOMOSVICENCIANOS.ORG


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