
EXPERIENCIA MISIONERA BOLIVIA 2011
Cuando Juanlu, Eduardo y yo (Indra) dejamos atrás nuestros hogares fue para encontrar otro en Bolivia.
Más o menos con estas palabras me despedí de la comunidad en Bolivia y es el único modo que encuentro de empezar a contarte lo que supuso para nosotros lo vivido en la misión. Para ubicarte, te cuento en líneas generales en qué proyectos estuvimos cada uno:
Juanlu pudo compartir la misión desde los proyectos del Imaynalla Kasanki (apoyo escolar), catequesis en la parroquia de Villa Obrajes, el centro médico, y el Maquiswan (la artesanía). Como manitas informático, en general allá donde hubiera una compu, allí metían a Juanlu: bases de datos, programa de la bordadora, tanto en los proyectos como en la casa siempre había algo que hacer. Además impartió alguna formación al Maquiswan, hizo alguna visita con el centro médico y las clases de apoyo a los chicos del Imaynalla.
Eduardo trabajó principalmente en el Proyecto Sigamos y en San Pedro como formador para las educadoras en temas de neurología y cómo trabajar con determinadas discapacidades y dificultades; y participó también con catequesis en Villa Obrajes. En el Sigamos-San Pedro era el blanco de un montón de preguntas y dudas que tenían las educadoras y para ellas fue como una enciclopedia personal y agua fresca para el Centro.
Y yo estuve con los peques de tres añitos del San Pedro, en el Imaynalla, la cárcel y muchas tardes las pasé en el Maquiswan. Y ya que ni era manitas ni formadora procuré estar para lo que pudiera hacer falta.
Así que ya ves, en Bolivia hay muchos proyectos y en alguno coincidimos (con distintas tareas) y en otros sólo estuvimos alguno de nosotros. Pero los tres pudimos descubrir prácticamente las mismas cosas. Descubrimos en Bolivia un pueblo fuerte, luchador y trabajador, pero un pueblo que a la vez está muy dominado, conducido y sometido. Es también un pueblo orgulloso de sus raíces profundas, con una cultura muy rica y muy arraigada, así como su fe, que si bien pueden ir asumiendo y aceptando ciertos ritos y creencias cristianas, no deja en muchos casos, en lo más hondo, de ser quechua, aymara… Hemos descubierto un pueblo con fuertes lazos familiares, que hace lo posible por cuidar de todos los miembros, por mantenerlos sanos y a salvo y por seguir juntos. Y al mismo tiempo, un pueblo que sigue castigado por la discriminación (por sexos, raza, discapacidad…) que a veces se acomoda y acepta en vez de denunciar o trabajar por avanzar, un pueblo muy agradecido, que está interesado en saber y preguntar, pero no siempre en abrirse, en responder.
Y con todo ello, trabajar en los proyectos significó siempre, descubrir un hermano, a Dios muy presente en todo y en todos. Cada una de las personas que conocimos, cada uno de los momentos vividos (desde los grandes a los sencillos) nos acercaban un poquito más.
El otro proyecto que los tres compartimos, que no aparece como proyecto en sí es el de ser comunidad misionera laica. Que es otro gran proyecto que requiere también trabajo y dones… pero que se hizo regalo desde el primer día que cruzamos la puerta de la casa y es que vivir la misión desde la comunidad la llena de vida y de sentido, de fuerza y de reposo. Y Delmy, Germán, Ana Ruth, Daniel, Ana y Ángela, fueron ese hogar al que volver cada día después de los proyectos y sentirnos acogidos no sólo por ellos sino por Dios.
En la misión te descubres amado por Dios con un amor inmenso y es que Él te muestra cuánto ama todo lo que ha creado; y te pone ante todo ello para que sepas dar respuesta y actuar, para que Él pueda hacerlo a través de ti, porque como dice la canción de Brotes “siendo sencillo y humilde mostraré la imagen del Padre, tal cual es. Y los frutos se verán dando razón de que Dios existe en esta tierra. La luz de la esperanza brillará en el universo y dentro de mí. El Dios que hay en mí es capaz de dar la vida. Desde mi debilidad, él me da su fortaleza”.

La misión te enseña y te obliga a ser humilde, a ser sencillo, a respetar los tiempos, a ser ojos y oídos más veces de las que te llama a ser manos, a ser simplemente amor de Dios allá donde vayas. La misión no necesita héroes, te necesita a ti y a mí con lo mucho y lo poco que somos. No todo es bonito ni fácil, pero todo es de Dios así que todo es bueno aunque no consigamos siempre verlo en ese momento. Porque la misión transforma, renueva, tira abajo esquemas y (pre)juicios, te descubre un poco más quién eres, te descoloca, pero te llena de vida y de amor.
Muchas son las dudas, las inseguridades y los miedos, pero el mayor miedo tiene que ser el de no seguir tus sueños, a lo que tira de ti desde el fondo, porque al otro lado, está Dios esperando a que des el paso.
Juanlu (Prov. Sevilla), Eduardo (Prov. Granada) e Indra (Prov. Canarias).
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